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Mi cargo en el banco




Mi designación en el cargo de consultor jurídico del emblemático banco zuliano, por allá en el año 2001, me tomó por sorpresa, ya que el dueño del banco o principal accionista había seguido como política de su administración mantener en los cargos de alto nivel a ejecutivos zulianos para no afectar la consideración de institución regional que éste tenía. Entiendo que el proceso de fusión del banco zuliano con el banco valenciano (institución  propiedad del mismo accionista) motivó este cambio de política. En dicha fusión me correspondió un papel protagónico en lo jurídico y esa fusión tuvo una particularidad que muchos desconocen; en tal proceso no fue el banco grande (el zuliano) quien absorbió al pequeño (valenciano) que era lo lógico y natural, sino fue lo contrario. Es más, a pesar de que la Sudeban aprobó la solicitud de fusión por absorción del valenciano por el zuliano, ello no se correspondió con la forma jurídica de la fusión y la Sudeban no advirtió esta inconsistencia. Esta contradicción fue producto de la opinión absurda que sostenían los abogados del Registro Mercantil de Valencia, que debimos acatar para no perturbar el cronograma de la reestructuración que el dueño se había impuesto. Como evidencia puede verse la reforma de los estatutos del banco valenciano.
La aprobación por Sudeban de la solicitud determinó mi aceptación del cargo de consultor, designación que obviamente causó revuelo en esa institución bancaria, pues su viejo consultor lucia como uno de los intocables de esa emblemática empresa zuliana. Asumo el cargo en un ambiente de mucha incomodidad, ya que el viejo ex consultor había convenido mantenerse en su oficina unos dos meses más, aun con mi presencia en uno de los cubículos de la consultoría. No obstante, me entendí muy bien con el personal de maracuchos, todos muy dispuestos y serviciales. Esa consultoría era manejada con un criterio burocrático, ya que no producía dictámenes, se limitaba a engorrosos procesos administrativos para la elaboración y protocolización de documentos. Pude iniciar un proceso de modernización en la elaboración de los documentos y en el seguimiento de los juicios, a pesar de no contar con suficiente personal, ni disponibilidad de recursos, pero si con algunos obstáculos de unidades internas relacionadas que apoyaban el viejo formato. Pienso que hice un buen trabajo y conformé un equipo muy competente, de excelentes profesionales que avalan lo señalado.
El medio laboral en Maracaibo tiene sus particularidades por el temperamento de los zulianos; el cargo que llegué a ocupar era aspirado por importantes abogados zulianos, los cuales no ocultaban su recelo por ser un caraqueño quien lo ejercía. Otro de los aspectos que inicié fue la creación de los cargos de jefatura regional para darle mayor celeridad a los asuntos locales, en particular, la unidad de la ciudad de Valencia que demandaba tanta actividad y cuya responsabilidad entregué a una diligente abogada carabobeña, cuyo talento y firmeza le permitieron sortear con éxito los conflictos que provocaban sus enconadas colegas que también tenían interés en esa jefatura.
El confort que me brindaba el cargo, su dinámica de constantes conferencias, viajes, importantes reuniones, brindis, etc., invitaban a aferrarse a su ejercicio. Creo que el dueño del banco no entendió el rol del consultor y pretendía que simultáneamente atendiera las tareas del cargo con el de “apaga fuegos” en la Superintendencia, que ejercí exitosamente en Caracas antes de mi designación. Esta inconsistencia fue quizá la razón fundamental de mi salida del grupo, pero supuse que la lealtad que le ofrecí durante tantos años, al menos merecían un adiós mas elegante y generoso. No fue así, pero el tiempo se encargó de demostrar el error en que había incurrido el dueño al implementar el cambio que hizo. El abogado que decidió mi salida hizo después una gran estafa al grupo financiero y hoy permanece enconchado en Miami, a la espera de un arreglo judicial que lo libre de una prisión por años.
Cuando regresé a Caracas, opté por viajar a Europa durante un mes para descansar y pensar en mis planes inmediatos, pero estos se vieron afectados por la situación de crisis que el Gobierno propició hacia el sector financiero con medidas restrictivas y los escándalos de nuevas intervenciones, lo que redujo considerablemente el sector y por ende mis posibilidades de un cargo similar en otra institución bancaria. Es así como resuelvo fundar una ONG para la defensa de los ahorristas y accionistas minoritarios de la banca (IUSBANCA),  que al menos me sirvió para mantenerme activo en el sector financiero, proponer una reforma de la legislación bancaria, cuyas propuestas mas relevantes fueron tomadas en consideración por el Gobierno de Chávez, lo cual debo reconocer, aunque en la práctica no las pudieron implementar. Al parecer, el poder de la oligarquía financiera terminó por neutralizar las pretensiones justicieras que estaban plasmadas en dichas normas, que hoy son letra muerta. Insistí con Sudeban en la aplicación de la normativa "revolucionaria" pero fueron en vano mis reclamos.




“Cuesta abajo en mi rodada” me ofrecen el cargo de asesor de la Junta Directiva de Banvalor, empresa que ya hacia aguas en el sistema financiero, dada la confrontación política que mantenían sus dueños con el Gobierno, por lo que terminó siendo intervenida. Esta experiencia probablemente la relate en otra crónica. Decidí entonces abandonar la actividad bancaria y hoy le dedico medio tiempo a la consultoría en materia laboral y propiedad horizontal, temas que sucumben en el escabroso túnel de la administración de justicia venezolana.




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