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¿Qué músicos quedan en el "Titanic"?


En mi anterior crónica sobre “Un país de novela” les refería que Venezuela cual “Titanic”, es conducida por la enloquecida tripulación que le gobierna,  hacia el abismo, transidos de la resaca de quince años de culto chavista y huyendo hacia delante de la inevitable justicia nacional e internacional que les espera para cobrarles los procederes con que condujeron al caos a esta rica nación. Pero me asalta una pregunta al ver los últimos desafueros de Maduro y su tripulación, que hace  parecer a sus músicos no tocando con sus violines los estertores de un adiós, sino entonando cánticos que auguran el final de una trágica comedia. 
Seguro piensa Maduro -asesorado por las momias cubanas Fidel y Raúl- que encarcelando a las más emblemáticas voces de la oposición logrará revertir la tendencia de la mayoría de los venezolanos a dictar con sus votos el apocalipsis electoral de este régimen, o que una sucesión de hechos que causen conmoción pública como la escandalosa detención ilegal de Antonio Ledezma, traída de la mano del terrorismo judicial que acostumbra aplicar el gobierno para inmovilizar a la sociedad, puedan propiciar un estado de calamidad política que justifique la suspensión de la convocatoria a elecciones parlamentarias.
Me preguntaba cuántos músicos aun entonan alguna nota agónica del ideario revolucionario rojo rojito. Porque los músicos del “Titanic” lo hacían, a lo mejor creyentes de que su notas calmaban o distraían a los atormentados pasajeros que buscaban salvarse de la tragedia,  persuadidos de la invencibilidad del otrora rey de los mares y de su capacidad para superar la inminencia de un hundimiento. Ciertamente no los movía la paga de sus honorarios de músicos, ni ninguna posible compensación salarial por su valiente y osada conducta, ni creo que estuvieren ignorando el tamaño de la catástrofe  que se cernía sobre sus hombros; lo hacían a lo mejor inmersos en un estado de locura colectiva provocada por el pánico general que desató esa tragedia. Lo que sí parece ser cierto, es que se trataba de unos diligentes hombres  sobrecogidos por la inmensidad del acontecimiento que los llenó de un gran valor para seguir cumpliendo su tarea.

Esa es pues la interrogante que me planteo hoy. Quién o quiénes del proceso revolucionario, que sin el  estimulo económico derivado de  prebendas,  cargos,  comisiones, contratos, rangos militares, ganancias provenientes de cualquier negocio sucio, licencias, viviendas regaladas, inconcebibles jubilaciones, misiones y demás bozales de arepa, bachaqueros y afines, etc., están aun convencidos de las bondades de este proceso comunista como para seguir gratuitamente alabando la supuesta ideología socialista que respalda dicho proyecto o integrando barras bravas en sus acostumbrados templetes bolivarianos. Los que parecían fanáticos religiosos de esta locura revolucionaria, como  Lina Ron o el inefable diputado Tascón, ya no están en las filas del chavismo porque murieron, ni tampoco el  joven Diputado asesinado. Otros  que parecían fanáticos ad honorem de esta secta eran los dirigentes sociales que integran algunos de los llamados “colectivos”, hoy día venidos a menos por sus diferencias y desencuentros con los legatarios del proceso, además de que ya seguramente no están recibiendo el respaldo financiero a que los acostumbró el barril de petróleo a 120 dólares. Por ello, ese agónico respaldo de un duro 12%  o menos de aceptación, que según las más serias encuestadoras tiene actualmente el presidente Maduro, ante un 80% o más, que le cuestiona su pésimo gobierno, estaría conformado más que por “fanáticos religiosos” del chavismo, por beneficiarios económicos de esta desdicha llamada proceso revolucionario.
Allí también entran esos personajes, analistas políticos, encuestadores y periodistas que quieren aparecer como “equilibrados” o “equilibristas” y que “por mas que se tongoneen siempre se les ve el bojote” de su ADN chavista, caso emblemático el de “Vladimir -Villegas-  a la una”   (la nueva Globovisión).
Quiero terminar citando unos párrafos de un artículo escrito por mi hija Olimar en el exterior, a raíz de la detención en Venezuela de su ex compañero de trabajo el colega Tadeo Arriechi, abogado defensor de los propietarios de "Día a Día, Practimercados":  “ En efecto, los casos más recientes de abogados encarcelados por el simple hecho de ejercer su profesión de abogar por  una persona privada de su libertad, rayan en lo execrable. Ya no les parece bastante con que atropellan física y verbalmente a las personas al privarlas de su libertad sin que medie una investigación previa de los hechos, ni que  trate de detenciones no flagrantes, supuestos principios consagrados en “la Bicha”. No,  no, que es eso de “debido proceso”, con qué se come esa vaina de la sociedad burguesa, no, no esa trama de Kafka no va con nosotros los “bolivarianos revolucionarios”, no, nada de parapetos jurídicos. Lo de nosotros es la “justicia popular” con formato de patíbulo.  Para los revolucionarios la defensa  judicial de los escuálidos es más bien un retraso procesal. ¡Salgamos de eso de una vez! afirman los justicieros jueces revolucionarios. La investigación de los hechos que quede para la leyenda urbana y el periodismo de crónica -acotan sus  focas infames-.Aquí se sentencia de una, el que diga mi comandante Maduro, mi capi Diosdado o cualquiera de nuestros barones del proceso.
Si dicen que es culpable -de lo que sea- así será no joda, y quienes vengan a defenderlos también van presos carajo! los consideramos cómplices del malvado escuálido o contra revolucionario. Que qué delito le achacamos a ese “Perry Maison” de los oligarcas? ¡facilito! Cooperador inmediato, cómplice! compinche del facineroso pitiyanqui. Y le aplicamos la pena que nos mencione en cadena nacional nuestro comandante Maduro o su secretario Arreaza. ¡Toma papá!”

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