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Mostrando entradas de julio, 2016

Venezuela moribunda

Oliver salió muy temprano de su casa en Sebucán para ir a Sabana Grande. Camino a la estación Miranda de El Metro se consigue con una cola inmensa de personas de la tercera edad que esperan por ingresar al supermercado Gama Plus de Santa Eduvigis. Impactado, no alcanza a comprender la razón de tal multitud. Un episodio dantesco. Varias cuadras de hombres y mujeres ancianos y famélicos aguardan por un funcionario que marcador en mano se muestra dispuesto a estamparles un número de turno en sus brazos. Otras mujeres jóvenes con bebes en los brazos no ocultan su angustia por la lentitud del escarnio. Todos -eso sí- parecen resignados prisioneros de un campo de concentración  a la espera de que les toque la oportunidad de entrar a ese teatro de la ignominia en que se han convertido los supermercados en Venezuela. En el curso del recorrido otro transeúnte que camina al paso de Oliver le comenta:
-¡Caramba esta cola debe ser record Guinness, ya va a llegar a la Iglesia!-
-Sí, el tamaño de la …

Mi revocatorio

(Este es un capítulo de la novela que escribo"Oliver prefiere morir")
Mi revocatorio

Oliver estaba escribiendo una mañana en una de las mesas de la cafetería Pan´s House, cuando se le acercó un vecino de la torre C del conjunto residencial a saludarlo.
-Doctor, no va ir a validar su firma para el revocatorio. Vengo de validar en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe, aquí en La Casanova.
-No vecino, esos malditos del CNE me excluyeron a mí y a todos los que firmamos en esa misma planilla y que porque le faltó la letra s a Nicolás. ¿Qué te parece?
-¡Que bolas, son unos descarados!
-Bueno vamos a ver ahora si me dan chance en la recolección del veinte por ciento (20%).
-Espero que puedas porque ahí va a estar medio apretada la recolección. Pero cuéntame, ¿qué estás escribiendo?
-Me estaba recordando que a mí me hicieron una vez un revocatorio de la presidencia de una junta de condominio.
-¿En serio, cómo fue eso?
-Lo peor de todo no fue que me revocaran, porque a veces eso es convenien…

El Gran Café se niega a morir

(El siguiente texto es un trabajo de Ivanna Méndez, destacada alumna de octavo semestre de Comunicación Social de la UCAB)
Un sitio para recordar
El Gran Café se niega a morir

Caracas también tuvo su Cafe de la Rotonde. Allí, en la antes llamada calle Real de Sabana Grande, sobrevive el otrora famoso Gran Café. Una leyenda que comenzó con Henri Charrièrre, mejor conocido como Papillon, prófugo de la colonia penal francesa Cayena, que atravesó Colombia y llegó a Venezuela. Al pisar Caracas encontró en Sabana Grande la inspiración para fundar un café con remembranza parisina que haría historia.
Los lugares son de quienes los recuerdan como se merecen, aquellos cuyo fervor ha logrado traspasar la neblina del olvido. El sol de mediodía cae sobre el bulevar de Sabana Grande. Unos mesoneros esparcen las cenizas de quien fuera un fiel cliente bajo la sombra de un árbol que extiende sus ramas en una esquina del Gran Café, durante una peculiar ceremonia. Se llamaba Paul y era profesor de filosofía…