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Entre la hambruna y la esperanza




En el pasado mes de junio me atreví hacer unas deducciones -mas que predicciones- sobre el futuro de nuestro país para este año, tomando como premisas  las conductas proverbiales de los "rojos rojitos" en los episodios electorales del pasado y en escenarios donde han contado con circunstancias que les han favorecido, como disponer del poder económico (chequera) y del abuso de poder político (dakazo y regaladera).


Estas circunstancias han variado considerablemente para las elecciones parlamentarias de diciembre próximo, y aun cuando el poder político pueda parecer que lo mantienen, este debe sustentarse o respaldarse en el apoyo popular  del cual ahora carecen. De allí que mantengo mi visión optimista sobre unos resultados electorales a favor de la esperanza y el cambio.
En estos tiempos de revolución nuestra vida discurre de lunes a viernes entre las colas de los supermercados, el poco tiempo que podemos dedicarle al trabajo productivo y las conversaciones relancinas con bachaqueros, compañeros de trabajo y los pocos amigos que nos quedan en el país. La noche se nos va rápidamente entre  ratos en la computadora, la lectura de un libro y un poco de televisión antes de acostarnos para el descanso nocturno, no sin antes recibir nuestra dosis diaria de perplejidad ante los episodios trágicos que vemos a diario, sea personalmente  o enterados por las redes o por los dos o tres diarios que aun nos mantienen informados acerca de las penurias que padecen nuestros coterráneos.


Pero hay situaciones que no nos cuenta nadie, sino que suponemos por elemental sentido de deducción. Una de esas preguntan nos la formulamos cuando en el supermercado nos rebota alguna de las tarjetas bancarias  por efecto de la insuficiencia de saldo ante la espiral inflacionaria que casi con frecuencia diaria  se eleva y nos impide en ocasiones precaver el monto mínimo necesario para cubrir las compras regulares o frecuentes de alimentos indispensables en la dieta de una persona, como son los quesos,  leche, carne, pollo, pescado, verduras, hortalizas, etc. La pregunta que al menos yo me formulo es ¿qué comerán esas personas en los cerros venezolanos?, porque el jamón, el queso amarillo, la carne, el pollo y el pescado se han convertido en alimentos tan costosos, que si a la clase media se le mueve el piso cuando va al mercado, porque hasta los granos que eran una alternativa en medio de la semana, también se han encarecido, qué quedará para los sectores populares y de más bajos ingresos.

Sospecho que la desnutrición campea en esos sectores populares y esta se va incrementando en la medida  que la escasez se agudiza, además, los precios hacen incomprables estos productos por parte de la mayoría de los venezolanos que son gente pobre. Es  por ello que los productos que generalmente compran: margarina, aceite y harina de maíz,   nada bueno aportan a su alimentación.
Ahora bien, cabe un ejercicio de deducción o hasta de predicción sobre lo que sería Venezuela en el supuesto negado de que se impusiera el fraude del gobierno en las parlamentarias, que es la única forma de que continúe este desmadre social y económico.
El escenario que supongo nos traería el fraude por parte del gobierno en diciembre, sería dantesco. Un estado de ingobernabilidad absoluta producto del desengaño de la mayoría de los venezolanos al saberse estafados en estas elecciones. Escenas como las vistas recientemente en San Félix, Sinamaica y Aragua se multiplicarían en todo el territorio nacional,  ya que seguramente para diciembre la crisis alimenticia alcanzaría niveles de hambruna y desesperación generalizada, que implosionarían al combinarse con el descontento adicional que seguramente ocasionaría la burla infligida.
El informe sobre Venezuela de la ONG International Crisis Group alerta sobre un posible desastre social en el país (“Venezuela: unnatural disaster”). La ONG señala que las malas políticas gubernamentales ponen a la población en una situación extremadamente delicada en lo humanitario.

En abril vinieron al país, concretamente al estado Zulia y a la Gran Caracas, y hablaron con la gente para obtener datos sobre el terreno y hacer un diagnóstico. Sus conclusiones son poco halagüeñas: los venezolanos en su mayoría sufren situaciones extremas en atención sanitaria y buena parte de la población presenta graves signos de malnutrición. Es alarmante la escasez de alimentos pues en la medida en que aumenta tiende a impulsar un estallido social, advierte el informe.
No nos extrañe ver gente desfallecer en las instalaciones del Metro producto de la falta de energía proteica y las limitaciones de oxigeno en estos lugares de grandes concentraciones. Los delincuentes también necesitados de recursos para subsistir  proliferarían en cada esquina de las capitales. Creo que este cuadro indeseable para cualquier pueblo del mundo lo podemos neutralizar si participamos masivamente en la convocatoria de diciembre.



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