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"El Secretario"




En estos días alcancé a ver en televisión un capítulo de una  comedia colombiana de mucho éxito que tiene por nombre ”El Secretario”; muy al estilo de la famosa comedia “Betty La Fea”. Esto me recordó que yo también fui en una oportunidad secretario; ese fue mi segundo trabajo, porque la primera chamba me la consiguió mi tío portugués  “Lin Yu” (reseñado en otra crónica de este blog) en “El Dividendo Voluntario para la Comunidad”,  una especie de fundación que operaba con los aportes de las empresa privadas establecidas en Venezuela, que no se si aun existe después de la razzia aplicada por la “revolución chavista” sobre el aparato productivo del país.
Esta fundación quedaba en las instalaciones del IESA en San Bernardino. El Secretario Ejecutivo del DVC era Alberto Trujillo, abogado ligado a Fedecámaras, que resultaba ser conocido o amigo de mi tío, pues al parecer tenía algunas propiedades por la zona de Barlovento, la comarca de mi tío.
Pero mi segundo trabajo fue el de “secretario”; si, ese trabajo daba para el chalequeo sobre todo cuando se celebraba el “día de la secretarias”. Fue por allá en 1975,  cuando Carlos Márquez, amigo de mi padre y quien trabajaba de auditor en el mismo Despacho donde había la vacante de “Oficinista” (era el nombre formal) me propuso para el cargo, al servicio de la Jefe de Personal de la Dirección de Bienes Afectos a Reversión del Ministerio de Minas e Hidrocarburos (este Ministerio fue después dividido por la “eficiencia” chavista en tres despachos ministeriales). Esa “Dirección de Reversión” como la llamábamos de modo practico, resultante del proceso de nacionalización de la industria de los hidrocarburos, estaba dirigida por un verdadero especialista en la materia, el Ing. Humberto Calderón Berti, a la postre Ministro de ese Despacho y Presidente de PDVSA. Era la cuarta República donde funcionaba la méritocracia.
Obviamente la mayoría de su personal era gente afecta a COPEY. Allí se iniciaron mis simpatías por este partido político. La jefa de personal, la señora Rebeca Gil, oriunda de Cumaná, furibunda copeyana, de carácter afable, me tomó cariño, al punto que con el tiempo le parecí buen candidato a novio de su sobrina; yo era apenas un estudiante de Derecho.
Ese grupo de trabajo era una gran familia, no se si porque teníamos por afinidad la simpatía política, aunque allí por supuesto los cargos técnicos de jefatura los ocupaban estirados ingenieros, que eran los menos sociables con el personal administrativo, típica conducta que siempre se criticó a los encumbrados copeyanos.
De ese gran grupo cómo no recordar a Arealdo Puche,  Jefe del Archivo, un maracucho jodedor y meticuloso hasta la manía y su grupo de trabajo. El encargado de sacar fotocopias, Agni Mogollón,  pana con su permanente “sueño americano” que animaba con su guitarra las reuniones y a la postre sería cantante venezolano de modesto éxito. Cristóbal y Rogelio, los mensajeros, estudiantes universitarios  (nunca supe si alcanzaron el titulo) y parranderos todo terreno. Julio Márquez, el abogado socialista, pero pana; en los momentos de tragos se enfrascaba en interminables discusiones políticas con el cantante imperialista (Agni).
 Luis Brito,  portero pero mayordomo, un viejo llanero, adeco recalcitrante, amigo de Calderón Berti, siempre con una anécdota sobre el tema en conversación. Nelson Arreaza, fanático de la  “fiesta brava”, un personaje comiquísimo, que a todo  le hacia un comentario en la jerga taurina (creo que tuvo después sus experiencias en la radio); Irma Muñoz la secretaria de Geología, una señora adorable, tía de quien sería luego mi primera esposa. Ese era el personal administrativo. Los ingenieros se movían en el entorno del jefe Calderón Berti.
Pasé varios años allí mientras estudiaba la carrera, luego la jefa se fue a otra actividad y en su lugar entró otro gran copeyano, Orlando Mendoza, con quien hice una gran amistad y terminó organizando mi primer matrimonio (yo era un chamo),  y mucho después hasta padrino de mi primogénita hija Olimar. Este pana me presentó al entonces candidato Dr. Luis Herrera Campins (Q.E.P.D),  quien tuvo la gentileza de hacerme un regalo de bodas. Una persona muy sería, inteligente y grata. A la postre presidente de la República, un ser humano admirable, que la historia no ha tratado con la debida justeza. 
El compadre Orlando, un pico e´ plata, me indujo a hablar en público; con el hice mis primera intervenciones en una campaña electoral por El Tocuyo, estado Lara, su tierra natal.
Cuando concluí mi estudios de Derecho, ya me había ido del lado de este grupo al Ministerio de Hacienda (Finanzas), a la extinta Superintendencia de Entidades de Ahorro y Préstamo; otro tremendo grupo de amigos (encabezado por el Dr. Félix Enrique Serrano (Q.E.P.D),),  pero regresaría al Ministerio de Energía y Minas, siendo Calderón Berti Ministro y el presidente Luis Herrera.
Di allí mis primeros pasos como abogado en la especialidad de Derecho Laboral, al lado de un gran abogado, el negro Francisco Miranda (Q.E.P.D), el mejor Consultor Jurídico que ha pasado por ese Despacho. Después a la culminación del Gobierno de Luis Herrera vendría mi “exilio” en Mérida (otra crónica incluida en este blog) y un año después mi  regreso a Caracas  para ingresar a la Sudeban.
Ese es en síntesis mi trayectoria no profesional, que son tiempos que se recuerdan con mucho afecto porque es la edad de los amigos sin intereses secundarios.



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